jueves, 1 de diciembre de 2016

Publicado el jueves, diciembre 01, 2016 por con 0 comentarios

Georg von Békesy. Nobel de Medicina 1961


Físico-Químico húngaro. (Budapest, 1899-1972, Honolulu). Nacido en Budapest e hijo de un diplomático, su infancia transcurrió entre tres ciudades tan diferentes como Munich, Constantinopla y Zurich. Se graduó en química en la Universidad de Berna, tras lo cual obtuvo el doctorado en física en la Universidad de Budapest en 1926.

Comenzó su carrera en la Compañía Telefónica de Budapest, donde llegó a ser director del laboratorio de investigaciones. Allí investigó la transmisión del sonido en la telefonía y el funcionamiento eficiente del auricular, y por asociación, le llevó al estudio del “auricular” humano: el oído interno. La invasión soviética le obligó a trasladarse a Estocolmo, y de ahí, en 1947 a Harvard, donde no se investigaba por pasión, sino por dinero. Desde 1966, fue profesor de la Universidad de Hawai. Allí creó un laboratorio y siguió investigando hasta su muerte.

Para lograr observar el funcionamiento del oído interno, Békesy diseñó un modo de disección limpio que le permitía ver y medir la vibración del sonido en el órgano auditivo.

La cóclea es una de las partes en que se divide el oído interno, que contiene en su interior una lámina enrollada en espiral de naturaleza ósea, sobre la que reposa la membrana basilar, compuesta por varios miles de fibras elásticas; las más cortas, de 0,04 mm, están situadas en la entrada del caracol, mientras que las más largas, de 0.495 mm, se encuentran al otro extremo.

De los análisis de Békésy sobre la propagación de las ondas sonoras en la membrana basilar, se concluye que las de alta frecuencia alcanzan su máxima intensidad en la zona situada junto a la entrada, donde hacen resonar a las fibras más cortas, mientras que las de baja frecuencia se propagan hasta alcanzar un pico en la región más alejada. También dedujo que la sensación de tono y volumen dependen de la posición y número de los receptores nerviosos situados en las células del órgano de Corti, clave para trasformar las ondas sonoras en impulsos nerviosos.

Estos descubrimientos obtuvieron el reconocimiento mundial en 1961 al recibir el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Sus investigaciones se centraron en el funcionamiento del oído, lo que ha permitido un mejor diagnóstico de sus enfermedades y tratamiento, especialmente con mecanismos de estimulación acústica.

Fuera de su actividad investigadora, Georg Békésy fue un hombre solitario, amante de la música y coleccionista de obras de arte. Poco antes de morir, escribió que enseñar no se reduce a transmitir datos, sino que la clave es enseñar métodos de investigación; que más dinero no es mejor investigación y que la experiencia de la que aprendió más fueron los paseos con su padre por el campo.