miércoles, 26 de abril de 2017

Publicado el miércoles, abril 26, 2017 por con 0 comentarios

Día de la Propiedad Intelectual: te hablamos del plagio


¿Qué es el plagio?
Plagiar es hacer pasar las obras de otro, o partes de ellas, por propias.
Algunos casos de plagio:
- Cuando se hace pasar por propio un trabajo ajeno
- Cuando se toma información de internet para incluirla en un trabajo sin citar la fuente
- Cuando se usan fotografías encontradas en la red sin reconocer a su autor
- Cuando se copia información de un texto sin confesar su origen
- Cuando presentamos un trabajo propio publicado con anterioridad como si fuera un trabajo reciente (autoplagio)
El plagio es una falta de ética que puede comportar consecuencias desagradables para nuestra carrera académica, pero también es un delito, tipificado en el Código penal con hasta cuatro años de cárcel.

Evitar el plagio, sin embargo, es muy sencillo: solo hay que citar.

Citar es una pequeña ciencia, con sus normas propias, y no es éste el lugar para extendernos sobre ella, pero sí conviene saber qué se entiende por cita: la reproducción, literal o no, de pequeños fragmentos de la obra original. A diferencia de otros usos de la obra original, no necesita permiso expreso del autor siempre que se haga con fines docentes o de investigación (Ley de Propiedad Intelectual, art. 32.1). Si se reprodujeran fragmentos muy extensos se consideraría reproducción, no cita, y sí necesitaría el permiso expreso del autor, aunque se hiciera para los mismos fines.

La falta de honestidad intelectual en el contexto académico.
No citar es inadmisible en los trabajos académicos y de investigación y por esto se  insiste tanto en la importancia de recolectar las fuentes utilizadas. Declarar las fuentes califica nuestro trabajo, lo completa y autoriza, y permite que nuestros lectores puedan comprobar, si quieren, la fiabilidad de los conocimientos en que nos apoyamos.

¿Qué estamos haciendo cuando no citamos?
1. Conculcamos los derechos del autor original o del titular de los derechos. En particular, infringimos su derecho al reconocimiento (LPI, art. 14 3º), derecho irrenunciable e inextinguible que debe respetarse siempre, pero también impedimos que el autor o titular pueda disfrutar de los posibles beneficios económicos que reporte la explotación de la obra (LPI, art. 17).
2. Engañamos al receptor de nuestra obra, haciéndole creer que somos los autores legítimos.
3. Damos una pobre imagen de nuestra capacidad de asimilar y transformar la información que recibimos.
Excepciones: textos que no requieren cita
Hay algunos tipos de textos que la LPI no protege o excluye expresamente. Son:
1. Sabiduría popular o general: refranes, recetas de cocina, chistes... pero también asertos científicos o de otro tipo muy conocidos (“la Tierra gira alrededor del Sol”).
2. Textos legales: “No son objeto de propiedad intelectual las disposiciones legales o reglamentarias y sus correspondientes proyectos, las resoluciones de los órganos jurisdiccionales y los actos, acuerdos, deliberaciones y dictámenes de los organismos públicos, así como las traducciones oficiales de todos los textos anteriores.” (LPI, art. 13)

Tampoco las ideas están protegidas por la ley, aunque sean ideas originales. Esta es la razón por la que muchos textos pueden basarse en un mismo argumento (por ejemplo, las infinitas versiones del mito de Fausto) sin incurrir en plagio. Hay que tener muy presente, sin embargo, que cualquier materialización original de esas ideas sí está protegida, así que conviene, ante la duda, citar siempre.

Saber más:
3. Universidad de Alcalá de Henares. Uso ético de la información.
4. Universidad de Alicante. Aprende sobre el plagio y cómo evitarlo.
5. Universidad de Navarra. Plagio: qué es y como evitarlo.


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