En la contracubierta de
Los últimos días de Adelaida García Morales se alude a que se trata de un “relato en clave de ficción”. Que es un
relato está claro: la
nouvelle apenas ocupa 82 páginas. Pero todo, o casi todo
lo que rodea al libro, trata de desmentir la ficción: el nombre y fotografía de
la protagonista en el título, un epílogo biográfico, unos testimonios
radiofónicos, unos correos electrónicos que recibe la autora, unos créditos
bibliográficos… Todo lo que rodea a la novela trata de desmentir la supuesta
ficción que se pretende contar. La narración es, sin embargo, claramente
literaria, basada en dos protagonistas de escaso desarrollo y que no están demasiado
logrados: una concejala de Cultura y una realizadora que es trasunto claro de
la propia Elvira Navarro, planteándose debates y conflictos éticos que le
surgen a la hora de grabar un documental sobre Adelaida que no son sino las
disquisiciones que se le planteaban a la propia autora. Y sobre todas las ramas
sobrevuela
Adelaida García Morales, un personaje real, una escritora que logró
el éxito literario tan pronto como se desvaneció. Su marido entonces, Víctor
Erice, llevó al cine su relato inédito
El Sur, que la propia Adelaida publicaría
luego en Anagrama, poco antes de ganar el Premio Herralde con
El silencio delas sirenas. Luego vendrían más libros, y más silencio, y algún otro libro, y
el silencio total. Y poco antes de la oscuridad el episodio del que arranca
esta novela: Adelaida García Morales pidiendo en el Ayuntamiento de Dos
Hermanas 50 euros para poder visitar a su hijo en Madrid.