Mostrando entradas con la etiqueta Cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de mayo de 2021

Publicado el 5/26/2021 01:00:00 p. m. por con 0 comentarios

Palabras filmadas (43): El hombre de la máscara de hierro (The Man in the Iron Mask, 1998)


La leyenda en torno al llamado hombre de la máscara de hierro ha convertido con el paso del tiempo a su desdichado protagonista en el prisionero más famoso de Francia. Pero ¿qué hay de verdad y de mentira en esa historia?

Cuentan las crónicas que cuando el pueblo de París tomó la Bastilla el 14 de julio de 1789, se descubrió que en sus archivos constaba la existencia de un prisionero misterioso que permaneció aislado del resto hasta su muerte en 1703 y que, para que nadie supiese quién era, llevaba la cara cubierta con una máscara de terciopelo. 

Incluso hubo quien, Biblia en mano, juraba que en una recóndita mazmorra se habían encontrado los restos de un hombre desconocido que portaba un casco o máscara de hierro que le cubría rostro y cabeza. 

Como quiera que en la época de Luis XIV era habitual que se encerrara en esta prisión a notables que habían caído en desgracia ante el rey, borrándoles así del mapa, las especulaciones sobre la identidad de este prisionero empezaron pronto. Parece ser que el primero en hablar de él fue el filósofo Voltaire, que estuvo preso un tiempo en la fortaleza y oyó hablar de este misterioso personaje, que, aunque era tratado de manera exquisita, no podía relacionarse con nadie bajo pena de muerte inmediata y que ocultaba su identidad bajo una máscara.

A través del tiempo, se ha especulado mucho con la identidad del reo, dejándose caer nombres como los del auténtico D’Artagnan, algún ministro de finanzas o general venido a menos en la corte o incluso algún miembro de la familia del Rey Sol... Lo único cierto es que el secreto continúa bien guardado. 

Tras la caída de la Bastilla proliferaron los relatos en torno a ella y sus desgraciados habitantes y, naturalmente, una historia como esta del prisionero misterioso, llena de posibilidades y con tanto poder para estimular la imaginación de las buenas gentes no podía pasarle desapercibida a uno de los más grandes fabuladores de la literatura francesa decimonónica: Alejandro Dumas padre (Villers-Cotterêts, 24 de julio de 1802-Puys, cerca de Dieppe, 5 de diciembre de 1870).

Era hijo del general Alexandre Dumas, “el conde negro",  quien fue uno de los militares más populares de la república y compañero de armas de Napoleón. Su imponente figura planea sobre alguno de los personajes más famosos de este autor como el Conde de Montecristo pues tuvo una vida digna de novela (vamos, como si la hubiera escrito su propio retoño) ya que era fruto de la unión de una esclava negra de Haití y de su amo, un decadente aristócrata francés. El propio escritor Alejandro Dumas sufriría durante su vida las burlas de algunos de sus contemporáneos, que le despreciaban por ser mulato.

El popular y prolífico Dumas creó algunos de los personajes más conocidos de la literatura de aventuras histórica, protagonistas de obras como Los Tres mosqueteros, El Conde de Montecristo, La Reina Margot o El tulipán negro, entre las más famosas. Solía publicarlas a la usanza del momento, es decir, por entregas y a veces recurría a algún escritor poco conocido para que le ayudara a rematarlas.  

La historia de El hombre de la máscara de hierro aparece en la tercera parte de la trilogía de D’Artagnan, un mosquetero que sirvió realmente a las órdenes de Luis XIII y Luis XIV, publicada entre 1844 y 1848, formada por las novelas Los Tres mosqueteros, Veinte años después y El vizconde de Bragelonne, llegando a ser editada a veces como una novela aparte, proporcionándole fama mundial. 

En la tercera parte, El vizconde de Bragelonne, se narran las últimas aventuras de los mosqueteros, que se ven mezclados en diversos lances, entre ellos el relacionado con el misterio que envuelve a un prisionero de la Bastilla, encerrado en una mazmorra, aislado del mundo y cuya cara aparece oculta tras una máscara (esta vez sí) de hierro, para evitar que sea reconocido porque si se la quitara podría ocasionar graves problemas al rey ya que se trataría de su hermano gemelo, Philippe, al que Luis XIV ha decidido poco menos que enterrar vivo para que no le dispute la corona. 

La trama sirvió de argumento a varias versiones cinematográficas, del cine mudo para acá, siendo la más reciente la de 1998, dirigida por Randall Wallace, autor también del guion. Aquí volvemos a encontrarnos a los mosqueteros en plena madurez, con gran experiencia en la vida y en las armas, lejos ya de la audacia y la temeridad de sus primeras aventuras. 

D’Artagnan (Gabriel Byrne) es un hombre prudente, fiel sobre todo a su rey, que trata de conjugar sus principios con las órdenes que recibe. 

Athos (John Malkovich) es doblemente noble, como miembro de la aristocracia ya que es el conde de la Fère y por su honorable forma de ser. 

Porthos (Gérard Depardieu) es el vividor, que necesita de la acción y de las aventuras amorosas para sentirse feliz y que quizá es el que acusa más el paso del tiempo debido a sus achaques que no le permiten los excesos de antes. 

Aramis (Jeremy Irons) es el místico que al mismo tiempo sabe ser soldado y hombre de mundo, el más propenso a las intrigas y el que más secretos sabe guardar. 

Luis XIV (Leonardo di Caprio) es un rey adolescente, lleno de vida, inclinado a la arbitrariedad y los abusos, lejano e indiferente a los padecimientos de su pueblo. 

Philippe, el alter ego de Luis XIV (también Leonardo di Caprio) es la víctima, repudiado y escondido por su familia a causa del odio y las maquinaciones de su hermano, en el fondo un alma pura que se revuelve en el cieno. 

El filme es una típica producción de aventuras, con espléndidos decorados naturales y mucha acción al estilo clásico, espectacular, que se distingue por reunir a un grupo de actores excepcionales como pocas veces se ha visto, que se adueñan de los personajes y dan lo mejor de sí sin aparente esfuerzo. Frente a ellos, Leonardo di Caprio hace lo que puede (no lo tiene fácil) en su doble papel de rey y víctima, lo mismo que Peter Sarsgaard (Raoul, vizconde de Bragelonne), en su pequeño pero crucial papel. 


Imagen: Filmaffinity
Tráiler: Youtube


 

Leer más

miércoles, 28 de abril de 2021

Publicado el 4/28/2021 03:00:00 p. m. por con 0 comentarios

Vidas de película (20): La conspiración (The Conspirator, 2010)


Aunque hayan transcurrido 156 años desde la muerte de Abraham Lincoln (Hodgenville, Kentucky, 12 de febrero de 1809-Washington D. C., 15 de abril de 1865), la figura de este estadista, uno de los más importantes y carismáticos que ha existido a nivel mundial, sigue atrayendo la atención de los eruditos y del público en general. Pero, como suele ocurrir, aunque a veces pensemos que lo sabemos todo sobre esta clase de personajes en realidad no es así.  

En el caso concreto de Lincoln, es paradójico el desconocimiento de muchos detalles alrededor de su muerte, acaecida por un disparo ejecutado por un actor de segunda fila y furibundo secesionista, llamado John Wilkes Booth mientras contemplaba una obra de teatro en el palco presidencial del Teatro Ford en Washington. 

Como muestra de la curiosidad que, por otra parte, despierta el magnicidio, un verdadero trauma nacional en su época, mencionaremos que hace unas pocas semanas Discovery Channel estrenó un documental titulado Lincoln inédito, en el que se especula con la posibilidad de que una fotografía recientemente encontrada de mediados del XIX, pudiera corresponder a Lincoln en su lecho de muerte. De hecho, no hace mucho, también aparecieron otras fotografías que se han identificado como tomadas en la habitación en que murió, tal y como quedó cuando se lo llevaron a enterrar. 

En realidad, apenas se ha divulgado, incluso entre el público americano, que el asesinato de Lincoln no estaba previsto que fuese un hecho aislado, sino que se pretendía acabar al mismo tiempo con todo su gabinete para sembrar el caos en el país cuando la derrota del Sur estaba clara y era cuestión de días el fin de la guerra de Secesión. Por tanto, el plan para matar al presidente era parte de una conjura mucho más ambiciosa en la que intervinieron varias personas.

La conspiración trata de reflejar los hechos acaecidos desde el momento en que Lincoln muere, centrándose en la posterior persecución de los implicados, su juicio y condena. 

Así pues, la noche del 14 de abril de 1865, Abraham Lincoln (Gerald Bestrom) decide acudir con su esposa Mary (Marshell Canney) y una pareja invitada a ver una obra en el Teatro Ford de Washington. 

El ambiente en las calles es de gran animación, ya que, con la inminente rendición del general sudista Robert E. Lee, se ve venir el fin de la Guerra de Secesión que durante cuatro años ha dividido el país entre el bando nordista (republicano y contrario a la economía esclavista) y el sudista (demócrata y partidario de la esclavitud) bañándolo en sangre. El triunfo del norte sobre el sur es, sobre todo, un triunfo de Abraham Lincoln, empeñado en acabar con la lacra de la esclavitud y modernizar el país. 

Mientras el presidente contempla la obra de teatro accede al palco un actor muy conocido, habitual en las obras representadas allí, John Wilkes Booth (Toby Kebbell). Este, fanático sudista, dispara por detrás a Lincoln, incrustándole una bala en la nuca. El presidente cae hacia adelante en su asiento y Booth salta por encima del palco hacia el escenario, mientras grita Sic Semper tyrannis (Así siempre con los tiranos), lema del estado sureño de Virgina y, al mismo tiempo, una alusión clara e insultante a Lincoln. Aunque se rompe el tobillo al caer mal, consigue huir al galope apoyado por un secuaz, iniciando una escapada que terminará doce días después en una granja de Virginia, donde es ejecutado por uno de los soldados que le perseguían de un disparo por la espalda. 

La feroz persecución del asesino del presidente (pues Lincoln muere al día siguiente sin haber recobrado el conocimiento) da como fruto no sólo la muerte de Booth, sino el apresamiento de sus cómplices. 

La conspiración nos relata cómo un grupo de al menos ocho personas son detenidas como sospechosos de haber colaborado no sólo en el magnicidio sino también en el intento de asesinato del secretario de Estado, William H. Seward y del vicepresidente Andrew Johnson, ideados para realizarse en cadena la misma noche. Seward logró sobrevivir a las heridas que le causó el feroz ataque de uno de los conjurados y Johnson ni siquiera fue agredido, ya que su supuesto atacante renunció a hacerlo a última hora por cobardía. 

Entre los acusados, llama la atención la presencia de una mujer de mediana edad, Mary Surratt (Robin Wright), viuda y madre de dos hijos, propietaria de una posada en la que tuvieron lugar las reuniones de los conspiradores, entre ellos, su propio hijo John. Estos habían pensado en primer lugar secuestrar a Lincoln, siempre con la idea de torcer el curso de la guerra a favor del sur, pero se vieron obligados a abortar el plan optando finalmente por el triple asesinato. 

Todos ellos son llevados ante un tribunal militar siguiendo las instrucciones del secretario de Defensa, Edwin M. Stanton (Kevin Kline), algo totalmente irregular, al ser civiles. La defensa de Mary Surratt es encomendada por el insigne jurista Reverdy Johnson (Tom Wilkinson) a un joven exmilitar, héroe de guerra unionista y abogado, llamado Frederick Aiken (James McAvoy), quien se resiste en principio a aceptar el encargo, pero al final acaba cediendo. Como le recuerda Johnson, a pesar de sus escrúpulos debe hacerlo porque Mary tiene derecho a una defensa como cualquier ciudadano. 

Y en el desarrollo de ese juicio centrado en la figura de Mary, vemos cómo en vez de impartir justicia se busca un ajuste de cuentas entre vencedores y vencidos; se suceden las irregularidades y se torpedea descaradamente cualquier intento por parte de Aiken de sembrar la duda en el tribunal a favor de Mary, pues él se inclina a pensar que su papel en la conjura ha sido secundario y que quien tendría que estar procesado es John Surratt, que está huido. Choca también, en sus intentos de librarla de un amargo final, con la propia Mary, quien dará en todo momento una lección de dignidad y amor materno, dispuesta a sacrificarse para salvar a su hijo de la horca. 

Se trata, pues, de un drama judicial, en el que se defiende el poder y la importancia de la Constitución, de los derechos de los ciudadanos a tener un juicio justo y a no ser víctimas de venganzas incluso en medio de un conflicto bélico. Todo lo contrario de lo que en el transcurso del proceso pregona el fiscal: ¡En tiempos de guerra las leyes enmudecen!

Estos temas de justicia social, tan queridos para su director, Robert Redford, son narrados con la maestría propia de este cineasta, de una forma clásica, sin artificios ni exageración, recreando los diferentes ambientes con gran naturalismo, gracias a una magnífica fotografía de Newton Thomas Sigel que utiliza la luz de forma magistral y a una buena banda sonora obra de Mark Isham. 

Se rodea, igualmente, de grandes actores como Robin Wright, magnífica en su papel de Mary Surratt y James McAvoy como el abogado Aiken, dispuesto a defender la justicia por encima de todo.  No menos importantes son los secundarios como Tom Wilkinson o Kevin Kline, impecables en sus cortos pero decisivos papeles. 

La cinta no obtuvo mucho éxito en su estreno y la crítica la acogió con división, puede que perjudicada precisamente por ese desarrollo clásico que la caracteriza. Sin embargo, a pesar de ser un producto quizá no tan sobresaliente como otros dirigidos por Robert Redford, es una película con una trama muy interesante, que se centra en unos hechos desapercibidos para muchos y muy bien interpretada, virtudes que la hacen, sin duda, digna de ser apreciada como merece.  


Imagen: Filmaffinity
Tráiler: YouTube




 

Leer más

miércoles, 24 de marzo de 2021

Publicado el 3/24/2021 01:00:00 p. m. por con 0 comentarios

Palabras filmadas (42): Sleepy Hollow (1999)


Washington Irving (Manhattan, Nueva York, 1783-Tarrytown, Westchester, Estado de Nueva York, 1859), escritor y diplomático estadounidense, es conocido en España sobre todo por sus famosísimos Cuentos de la Alhambra, una colección de relatos de estilo romántico y orientalista publicados en 1832, que reflejan su amor por nuestro país en el que pasó diversas estancias no sólo como viajero particular sino también como diplomático. 

Autor de numerosos cuentos cortos, es conocido sobre todo por dos de ellos, Rip Van Winkle (1819) y La leyenda de Sleepy Hollow (1820), basados en leyendas costumbristas locales con ingredientes fantásticos y de terror. Irving conocía muy bien los parajes en que se desarrollaban estos cuentos pues los frecuentó mucho durante su vida, llegando incluso a ser enterrado en el cementerio de la localidad de Sleepy Hollow. 

La popularidad de ambos relatos a través del tiempo ha dado lugar en lo literario a abundantes  reediciones y estudios y a ser adaptados numerosas veces a la escena, al cine y a la televisión. 

La leyenda de Sleepy Hollow relata la historia de Ichabod Crane, un medroso joven que se desplaza a la localidad de Sleepy Hollow, en el valle del mismo nombre, cerca de Nueva York, para ejercer como maestro en la escuela del pueblo. Allí conoce a Katrina Van Tassel, hija de uno de los prohombres de la localidad, de origen holandés como todos sus vecinos, conocida no sólo por su encanto y belleza sino por ser también una rica heredera. Crane, deslumbrado por ella, pero también interesado en su dinero, decide hacer lo posible por conquistarla, chocando con los intereses de otro joven pretendiente local, el audaz Brom Van Brunt. 

Crane asiste una noche a una fiesta en la granja de los Van Tassel, en el transcurso de la cual Brunt recrea para los presentes, con gran aparato, la leyenda del jinete sin cabeza, un espectro que se pasea por los bosques circundantes y que asesina a los paisanos decapitándoles con su temible espada. Al parecer es el fantasma de un sanguinario jinete hessiano que en la Guerra de la Independencia americana se hizo famoso por cabalgar un veloz caballo negro, a lomos del cual se paseaba por el campo de batalla segando cabezas incansablemente. Al final es atrapado por sus enemigos, que igualmente le cortan la cabeza, pero le entierran sin ella. Como consecuencia, el espectro vaga cortando la de quien se ponga a tiro mientras espera recuperar la suya. 

Impresionadísimo por el relato, Crane regresa a caballo a Sleepy Hollow atravesando el bosque muerto de miedo. De repente, oye un relincho y ante sus ojos se aparece el temido jinete, que empieza a perseguirle encarnizadamente con la aviesa intención de dejarle sin cabeza… 

De las adaptaciones a la pantalla de La leyenda de Sleepy Hollow destacaremos, aparte de la versión muda de 1922 (El sin cabeza), la típica versión realizada en dibujos animados por Disney en el año 1949 con números musicales, pero bastante fiel al original literario. Más recientes son la de Tim Burton de 1999 ya con el título acortado de Sleepy Hollow y la serie de televisión del mismo nombre, emitida por la cadena Fox durante cuatro temporadas entre 2013 y 2017. Por supuesto, la más conocida y de más éxito es la del director Tim Burton que, por tercera vez después de Eduardo Manostijeras y Ed Wood se alía de nuevo con Johnny Deep para ofrecernos un filme en el que el misterio y el terror se entremezclan con un agudo sentido del humor. 

Al adaptarlo al cine, el guionista Andrew Kevin Walker se toma algunas libertades con respecto al cuento original. Aquí Ichabod Crane (Johnny Deep) es un joven detective de la policía de Nueva York, de ideas modernas más propias del siglo XIX que apenas ha empezado que del XVIII que acaba de irse. Crane es partidario de estudiar el lugar del crimen, recopilar pruebas antes de mover el cadáver y realizar autopsias para seguir la pista al asesino... en vez de actuar negligentemente, pisotearlo todo, aplicar tortura a algún infeliz que pasaba cerca y sacar conclusiones fáciles. Nada de esto le hace precisamente popular entre compañeros y jefes, de forma que, para quitárselo de encima, el burgomaestre (Christopher Lee) decide enviarle a la cercana localidad de Sleepy Hollow para que se ocupe de resolver una serie de asesinatos que han tenido lugar recientemente y que se caracterizan porque a todas las víctimas les han cortado la cabeza. 

Sin demasiado entusiasmo, el joven se pone en camino al pueblo atravesando un fantasmal bosque y cuando llega allí se encuentra con una comunidad dominada por un terror supersticioso que achaca los asesinatos al espectro de un jinete descabezado que fue ajusticiado en la Guerra de Independencia y que ahora vaga por el bosque buscando venganza y su cabeza perdida, pues seguirá asesinando sin piedad hasta que la encuentre. 

Por supuesto, Crane, que es un joven racional y moderno, piensa que eso de los fantasmas y aparecidos no son más que paparruchas y está convencido de que el asesino es de carne y hueso. 

Los vecinos más influyentes, entre los que se encuentran el notario, el magistrado, el médico, el reverendo y Baltus Van Tassel (Michael Gambon), el granjero más rico del pueblo, intentan convencer a Crane de que el fantasma existe, en un principio sin éxito. Pero se suceden nuevos asesinatos, Crane empieza a investigar e incluso es testigo de uno de ellos. A partir de aquí no tendrá tan claro que los crímenes puedan justificarse sólo de forma racional, pero como Ichabod tiene cabeza y sabe utilizarla (lo contrario de su oponente, el jinete fantasmal) continuará con sus pesquisas dándole un nuevo enfoque, pues sospecha que, aunque hay elementos sobrenaturales en el caso, detrás se encuentra una mano humana. 

En su afán por resolver el misterio, Crane contará con la ayuda de un muchacho, el joven Masbath (Marc Pickering), cuyo padre ha muerto a manos del fantasma y con Katrina Van Tassel (Christina Ricci), la bella hija de Baltus, hacia la que se sentirá muy atraído y que le corresponderá de buen grado.

Sleepy Hollow es una película con la clara impronta de Tim Burton. En ella el terror, lo onírico y lo grotesco van de la mano. La hermosa fotografía recrea escenas que recuerdan a los paisajes de los maestros holandeses de la época, con un ambiente entre gótico y romántico, neblinoso y lleno de claroscuros que acentúa la sensación de que algo ominoso acecha detrás de cada árbol. 

Johnny Deep hace una estupenda recreación de Crane, dándole a su personaje el toque preciso que sabe oscilar entre lo ridículo y lo serio, lo valeroso y lo pusilánime, haciéndolo muy cercano al espectador. Podemos decir que encaja perfectamente, una vez más, en el proyecto de Tim Burton, transmitiendo sus ideas con fidelidad.  

Christina Ricci, como Katrina Van Tassel, es una presencia etérea, con rasgos a veces esotéricos y misteriosos, pero muy lejos de sus habituales papeles en el cine de terror, que se combina bien con Johnny Deep. 

Los acompañan actores de prestigio como Michael Gambon (Baltus Van Tassel) y Miranda Richardson (su segunda esposa y madrastra de Katrina) en un papel sorprendente, así como también aparecen en pequeños papeles actores típicos del cine de terror como Christopher Lee y Martin Landau. 

Por último, hay que destacar la presencia imponente de Christopher Walken como el jinete sin cabeza, que llena la pantalla cada vez que se asoma a ella aunque no pronuncie una palabra y cuya tremenda caracterización es verdaderamente asombrosa.  

No siendo de las películas más redondas de Burton, es ideal para pasar un buen rato, pues más que un terror agudo provoca algunos sustos, pero siempre sazonados con una inmensa guasa. 

En los Oscar de 1999 consiguió el de mejor dirección artística y en los Bafta los premios a mejor vestuario y diseño de producción, aparte de otras nominaciones y premios a la mejor fotografía.  


Imagen: Filmaffinity
Tráiler: Youtube

Leer más

miércoles, 24 de febrero de 2021

Publicado el 2/24/2021 01:00:00 p. m. por con 0 comentarios

Vidas de película (19): El vicio del poder (Vice, 2018)


El vicio del poder
es una biografía de Dick Cheney (Lincoln, Nebraska; 30 de enero de 1941) vicepresidente de EEUU con George W. Bush en el periodo comprendido entre 2001 y 2009, contada de una forma ingeniosa y poco habitual. 

La voz en off de un veterano de la guerra de Irak va a ser el hilo conductor que guíe al espectador a través del relato que se muestra en pantalla. 

La película está estructurada en dos partes. En la primera nos hablan de los años de juventud de Cheney (Christian Bale), un bala perdida, borracho y pendenciero, sin oficio ni beneficio, expulsado de Yale, al que rescata del abismo su esposa Lynne (Amy Adams) una de esas mujeres fuertes que viven a través de los logros de sus maridos ya que las convenciones sociales les impiden conseguirlos por sí mismas. 

Gracias a Lynne, Dick, que resultará ser un buen esposo y padre de familia, endereza su vida y empieza su carrera de burócrata gris en Washington, pasando por las administraciones republicanas de Nixon, Reagan y Ford. Aprenderá a moverse por las aguas encenagadas de ese mundo gracias a los políticos más influyentes del momento y sobre todo conocerá a Donald Rumsfeld (Steve Carell), cuyos intereses comunes los llevarán a colaborar de manera estrecha posteriormente. 

Alejado de Washington durante el periodo demócrata de Carter, se dedicará a los negocios, prosperando en empresas ligadas al petróleo como Halliburton de la que se convertirá en CEO. 

La segunda parte de la película (y de la vida de Cheney) se desarrolla en la pantalla tras un falso (y muy sorprendente) final con títulos de crédito incluso, pero de nuevo la voz en off nos orienta por la parte más controvertida de su biografía. Cheney vuelve a la política con George H.W. Bush pero acaba encontrando su gran oportunidad para convertirse en un personaje todopoderoso gracias a George W. Bush (Sam Rockwell). Formará tique con este como su vicepresidente, un cargo por tradición meramente ornamental a no ser que muera el presidente y que él sabrá reconvertir de manera callada y astuta hasta llegar a ser el auténtico mandatario en la sombra frente a un Bush que le cede los poderes sin pestañear. 

Desde su puesto continuará con sus maniobras a favor de una política ultraliberal, levantando controles y barreras que irán mermando las libertades y derechos de los ciudadanos para atesorar más poder, enriqueciéndose a base de favorecer a empresas sin escrúpulos, alentando la creación y explotación de medios afines para manipular la realidad… unas prácticas que se ha demostrado que siguen vigentes con la presidencia de Donald Trump

Todo esto llegará a su paroxismo con los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. A pesar de que las pruebas incriminan claramente a Osama Bin Laden y Al-Qaeda, para Cheney, Rumsfeld y su equipo no es suficiente y deciden crear un chivo expiatorio. Culparán del ataque a Sadam Hussein acusándole de poseer armas de destrucción masiva, convenciendo a los americanos y al mundo entero de que es la cabeza visible del llamado “eje del mal” (formado por Irán, Irak y Corea del Norte), dando lugar a la guerra de Irak. Mientras tanto, libres de Sadam, aprovecharán la ocasión para lucrarse personalmente por medio de concesiones directas a empresas afines (como Halliburton) para explotar los campos petrolíferos de Irak y ganar dinero a espuertas sin importarles las consecuencias. 

El vicio del poder relata, por tanto, hechos muy duros pero con distanciamiento, intentando no cargar las tintas, como si la realidad (o lo que el cineasta entiende por tal, ya que algunos acontecimientos no han podido ser contrastados y por tanto son una interpretación) por sí sola fuera suficiente y no necesitara aditivos. Su director y guionista, Adam McKay tiene la virtud de no hacer una caricatura de Cheney aunque no escatima en mostrar momentos satíricos, ridículos e infames de su biografía utilizando no sólo el drama y la comedia sino también noticieros de la época que dan un toque de documental periodístico a la narración. 

Un puntal importantísimo de la película es su reparto, con actores de extraordinario nivel empezando por Christian Bale quien hace de nuevo un ejercicio de transformación extrema para representar físicamente a Cheney, pero no sólo es eso, sino que parece haberse contagiado de su yo más íntimo porque lo expresa todo con la voz y la mirada más que con los gestos. Nominado al Oscar, no lo consiguió pero sí se llevó el Globo de Oro a la mejor interpretación masculina principal y otros diversos premios y nominaciones en reconocimiento a su excelente trabajo.

Amy Adams (Lynne Cheney), Steve Carell (Donald Rumsfeld) y Sam Rockwell (George W. Bush) demuestran igualmente su gran categoría de intérpretes con caracterizaciones brillantes.  

También hay espacio para los cameos, principalmente de dos actores: Naomi Watts y Alfred Molina, interviniendo este último en una tan significativa como asombrosa escena que retrata de la manera más original la catadura moral de Cheney y su equipo.  

Imagen: Filmaffinity
Tráiler: Youtube

Leer más

miércoles, 3 de febrero de 2021

Publicado el 2/03/2021 11:00:00 a. m. por con 0 comentarios

Palabras filmadas (41): La mujer del teniente francés (The French Lieutenant's Woman, 1981)


La mujer del teniente francés es una novela de John Fowles (Leigh-on-Sea, Essex, 31 de marzo de 1926 - Lyme Regis, Dorset, 5 de noviembre de 2005), uno de los escritores británicos más importantes del siglo XX, aunque su nombre no sea tan conocido como el de otros a pesar de sus numerosos méritos. Publicada en 1969, es una de sus obras más conocidas junto con El coleccionista (The Collector, 1963). Ambas fueron llevadas al cine lo mismo que alguna otra de sus novelas, aunque éstas últimas con menos éxito. 

La mujer del teniente francés ha sido siempre muy apreciada por la crítica literaria, ya que supone un ejercicio virtuoso de cómo narrar una historia sin quedarse sólo en eso, ya que Fowles toma prestada la estructura de la novela victoriana para, al mismo tiempo que parece imitarla, transformarla en algo totalmente distinto haciendo un formidable ejercicio de metaliteratura o metaficción. El omnisciente narrador típico de esa clase de literatura es aquí, a la vez, crítico de la misma y divulgador del momento histórico. Es decir, que mientras describe escenas y personajes, los critica, explica su propio punto de vista sobre lo que está pasando y, además, aclara pormenores y detalles para que el lector entienda la época, la sociedad y las costumbres de la Inglaterra del XIX. Y no sólo eso, sino que, incluso, le ofrecerá la oportunidad de escoger el final de la narración que le parezca más apropiado, el más romántico o el más realista.

Debido a lo especial de esta novela, durante mucho tiempo se tuvo por imposible su adaptación al cine. Por fin, en 1981, se da el paso con el director Karel Reisz al frente de la empresa y guion del dramaturgo Harold Pinter. 

Para adaptar a la pantalla la complejidad del relato, Pinter decide construir un argumento del género cine dentro del cine, de forma que se simultanean y contraponen la relación romántica de los protagonistas decimonónicos de la novela con la de los actores que los interpretan en una película que se está rodando en el momento presente.

Ambientada en la Bahía de Lyme (Dorset, Inglaterra, 1867), el argumento de La mujer del teniente francés gira en torno a la relación que se establece entre Sarah Woodroof (Meryl Streep) y Charles Smithson (Jeremy Irons), un joven de buena familia aficionado a la Paleontología, una ciencia muy de moda en la época. 

Charles está en Lyme porque ha ido a visitar a Ernestina Freeman (Lynsey Baxter), su prometida, una joven de su misma clase social y que cumple al pie de la letra con el ideal de belleza y comportamiento femenino de la época. Dando un paseo por la bahía en un día tormentoso, Charles y Ernestina ven en la punta del malecón (el famoso The Cove) a una joven de espaldas a ellos que parece desafiar a las fuerzas de la naturaleza. Temiendo por su integridad, Charles acude corriendo en su ayuda. Cuando llega a la altura de la mujer, que va vestida de negro y envuelta en una capa, ella se vuelve y le deja ver su rostro lleno de melancolía y sufrimiento enmarcado por una cabellera rojo fuego que inmediatamente recuerda a una pintura prerrafaelita.  

Es tal el impacto que sufre Charles que, debido a la irresistible fascinación que a partir de entonces sentirá por esta joven, Sarah Woodroof, más conocida en el pueblo peyorativamente como “la mujer del teniente francés”, “tragedia” o incluso “la ramera del francés” debido a que fue seducida por un marino de esta nacionalidad y luego abandonada (por eso pasa los días esperando su vuelta en el malecón), dará un vuelco radical a su vida exponiéndose a la ruina moral y la deshonra con tal de conseguir su amor. 

Al mismo tiempo, se nos muestra cómo se rueda la película y la aventura amorosa entre los actores protagonistas, Sarah/Anna (Meryl Streep) y Charles/Mike (Jeremy Irons), como una forma de contraponer las dos épocas con sus propios convencionalismos que, de una forma u otra, acechan a los amantes acercándose al espíritu transgresor de la novela. También, como en el original literario, se nos muestran dos finales opuestos. 

Bajo la impecable dirección de Karel Reisz, el resultado de todo este tour de force es una excelente película, obra maestra del cine, que tuvo gran repercusión cuando se estrenó. El guion pasa de una época a otra de forma totalmente natural, sin estridencias, apoyándose en la magnífica pareja protagonista que en esos momentos estaba empezando a afianzarse en el estrellato, así como en una excelente fotografía y una maravillosa banda sonora llena de melancolía y romanticismo.

Meryl Streep está perfecta en su doble papel, lleno de dificultades, que solventa sin pestañear. Tanto Sarah Woodfroof como Anna son personajes muy complicados, llenos de matices, no tan lejanos entre ellos como cabría esperarse, pues ambas buscan afianzar su personalidad y preservar su libertad sobre la pasión amorosa. 

Jeremy Irons no le queda detrás, interpretando a un Charles Smithson/Mike, ambos caracteres impresionables, sensibles y apasionados, que a toda costa quieren poseer a su amada a pesar de que intente escurrírsele entre los dedos. 

La película obtuvo numerosos premios y nominaciones, entre ellos a cinco óscar (mejor actriz principal, montaje, vestuario, guion adaptado y dirección artística), César, Globos de Oro y Bafta. 

Imagen: Filmaffinity
Tráiler: IMDb

Leer más

miércoles, 13 de enero de 2021

Publicado el 1/13/2021 11:00:00 a. m. por con 0 comentarios

Vidas de película (18): Amor inmortal (Immortal Beloved, 1994)

El enorme éxito de Amadeus (del director Milos Forman), la película estrenada en 1984 que reflejaba la supuesta rivalidad entre Mozart y Salieri como base para una pseudobiografía cinematográfica del gran compositor, supuso un referente a la hora de plantearse hacer lo mismo unos años más tarde con Ludwig Van Beethoven. Pero, al contrario que su predecesora, Amor inmortal cosechó más críticas que aplausos en su estreno, aunque el paso del tiempo la ha beneficiado y muchas de esas opiniones negativas han dado lugar a otras mucho más favorables. 


Amor inmortal (cuya traducción al castellano debería haber sido Amada inmortal para ceñirse al original y al guion), hace un recorrido por la vida y la obra de Beethoven (Gary Oldman) teniendo como hilo conductor la aparición entre sus papeles, una vez muerto, de una carta dirigida a una amada inmortal de la que se desconoce el nombre a quien hace su heredera universal. Su secretario, Anton Felix Schindler (Jeroen Krabbé), decidido a cumplir con la última voluntad del maestro, se lanza a la búsqueda de este misterioso personaje y para ello empieza a contactar con las mujeres que significaron algo en la agitada vida amorosa de Beethoven esperando encontrar entre ellas a la destinataria de la carta, una de las epístolas románticas más famosas de la historia. 


Así pues, Schindler visita a la condesa Giulietta Guicciardi (Valeria Golino), a la que Beethoven, su entonces profesor de piano, le dedicó la sonata Claro de luna y le llegó a pedir en matrimonio, aunque ella acabó casándose con otro compositor. La condesa hace confidencias a Schindler sobre una fallida cita amorosa entre el músico y la misteriosa dama en el balneario de Teplitz que acabará siendo un terrible desengaño para Beethoven y le llevará a tomar una serie de decisiones poco afortunadas para él y su familia. 


El irascible temperamento del compositor, exacerbado por la tragedia de su sordera, le convierten en un misántropo criticado y evitado por todos. Sus frecuentes enfrentamientos con sus dos hermanos, especialmente con Kaspar Karl y su esposa Johanna Reiss (Johanna ter Steege), le llevan a solicitar y obtener a la muerte de su hermano la custodia de su sobrino Karl, de nueve años, arrebatándoselo a su madre. Beethoven tratará de hacer de este niño un virtuoso del piano, imitando, sin querer, la actitud tiránica y abusiva que su padre, Johann, empleó con él mismo cuando pretendía que fuera un segundo Mozart. Agotado por los abusos de su tío, Karl (Marco Hofschneider) acabará intentando suicidarse sin conseguirlo unos años después y romperá durtante un tiempo con Beethoven, sumiéndole en una terrible crisis. 


Más positiva será su relación amorosa y de amistad con la condesa Anna Marie Erdödy (Isabella Rossellini), otra de las candidatas a ser la destinataria de la carta con la que también se entrevista Schindler. De esa conversación saldrá la pista que ayudará al secretario a culminar su empresa. 


Amor inmortal es una bella y emotiva película que se sustenta en dos aspectos principales: en su banda sonora, por supuesto, compuesta en exclusiva por obras de Beethoven interpretadas por la London Symphony Orchestra dirigida por el maestro Sir Georg Solti. Sólo por ella merece ser vista, sobre todo por escenas tan conmovedoras como la interpretación del Himno a la alegría en el estreno de la Novena Sinfonía con un Beethoven completamente sordo que sólo puede apreciar el fervor del público cuando se gira de frente hacia él. 


El otro pilar es la fabulosa interpretación de Beethoven que hace Gary Oldman y que, a menudo, ha sido tachada de histriónica por algunos críticos. Por el contrario, puede que Oldman, uno de los mejores y más versátiles actores de su generación, se haya quedado corto al representar al genio de Bonn, un hombre atormentado por sus demonios personales, de difícil carácter como todos los genios; un librepensador que no tuvo una vida precisamente fácil, admirador de Napoleón hasta que se coronó a sí mismo emperador, explotado por su padre, con una discapacidad que le coartaba precisamente en aquello que era el centro de su vida: la música, contra la que luchó y que no le impidió convertirse en uno de los músicos más celebrados de todos los tiempos. 


Amor inmortal no es una película de culto como Amadeus pero consigue emocionar en algunas de sus secuencias, como la del entierro de Beethoven, su interpretación de la sonata Claro de luna o la ya mencionada de la ovación a la Novena Sinfonía


Su director y guionista, Bernard Rose, se toma bastantes licencias con los hechos históricos y el último giro de guion que nos lleva a la supuesta amada inmortal (cuya identidad real sigue sometida a especulaciones) es rocambolesco, pero a pesar de todo la película es digna de ser apreciada. 


En 2020 se han cumplido los 250 años del nacimiento de Ludwig Van Beethoven (Bonn, Arzobispado de Colonia; 16 de diciembre de 1770 (fecha de bautismo) - Viena, 26 de marzo de 1827), lo que ha dado lugar a que durante todo el año se hayan programado numerosos homenajes en su honor en todo el mundo, continuando las celebraciones hasta septiembre de 2021. Sin embargo, hasta el momento, en el terreno cinematográfico Amor inmortal es la película más destacada sobre la personalidad y la vida de Beethoven. Sólo se le aproxima Copying Beethoven (Copiando a Beethoven, 2006, de la directora Anieszka Holland) pero ni el guión ni la interpretación de Ed Harris están a la altura de Amor inmortal y Gary Oldman.


Mi ángel, mi todo, mi yo… Hoy sólo unas palabras y con lápiz (el tuyo). ¿Por qué esta profunda pesadumbre? ¿No es la necesidad la que habla? ¿Acaso el amor puede consistir en otra cosa que sacrificios, exigencias de todo y nada? ¿Acaso puedes cambiar el hecho de que tú no seas enteramente mía ni yo enteramente tuyo? El amor lo exige todo y con pleno derecho. A mí para contigo y a ti para conmigo. Solo que olvidas tan fácilmente que yo debo vivir por y para ti…  

(Carta a la amada inmortal, 6 de julio de ¿1812?)

Cuaderno de notas – La amada inmortal de Beethoven (programa emitido el 27 de enero de 2020)

Imagen: Filmaffinity

Leer más

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Publicado el 12/02/2020 03:00:00 p. m. por con 0 comentarios

Palabras filmadas (40): Extraños en un tren (Strangers on a Train, 1951)


Este año se conmemoran los 40 años de la muerte del mago del suspense Alfred Hitchcock (Leytonstone, Londres, 13 de agosto de 1899-Bel Air, Los Ángeles, 29 de abril de 1980). 

Archiconocido entre el público, fue el primero en ser considerado en la historia del cine como director estrella aunque no siempre fue así. 

A pesar de su popularidad y del éxito de sus películas, cinco de las cuales formaron parte de las nominadas al Óscar al mejor director, sin conseguirlo nunca, para Hollywood, a donde había emigrado desde su Londres natal para luego nacionalizarse norteamericano, era sólo un artesano, no un verdadero creador. Hasta que los directores franceses de la nouvelle vague como Éric Rohmer, Jean-Luc Godard o François Truffaut empezaron a rendirle admiración en artículos y libros, resaltando su originalidad y su maestría como director, reivindicándole y haciéndole justicia ante los ojos del mundo y más propiamente, de la esquiva industria del cine, demostrando que poseía una personalidad y un estilo propios y característicos. 

Su carrera duró más de medio siglo y algunas de sus películas se encuentran entre las obras maestras de la pantalla: Rebeca, Recuerda, Encadenados, La ventana indiscreta, Vértigo, Con la muerte en los talones, Psicosis, Los pájaros, Marnie… por citar algunas. Siempre dentro del género de suspense, son características habituales de sus películas el voyeurismo del espectador, con el que juega, dándole información que no poseen los personajes para crear una atmósfera de tensión extrema que no se desvanece hasta el The End, o bien hurtándosela para sorprenderle; los golpes de efecto, las tramas basadas en asesinatos, los mcguffin o misterios que sólo sirven para despistar y, sobre todo, su espectacular manejo de la cámara y los novedosos montajes, todo lo que se ha dado en llamar el toque hichtcockiano, tan admirado e imitado por sus seguidores. 

Extraños en un tren es una notable película de 1951, es decir, al principio de su etapa de mayor esplendor. Está basada en la primera novela del mismo título de Patricia Highsmith y su guión fue firmado, entre otros, por Raymond Chandler. Hitchcock rápidamente la adaptó a su estilo, dándole un toque psicológico propio a los personajes alejándose del texto de Highsmith y centrándose en la trama de chantaje y misterio que parte de una premisa muy original. Su protagonista es un jugador de tenis, Guy Haines (Farley Granger) que, casualmente, en el transcurso de un viaje en tren, traba conversación con otro pasajero, Bruno Antony (Robert Walker); este sabe, por la prensa del corazón, que Guy quiere casarse con la hija de un senador, Anne Morton (Ruth Roman), de la que está muy enamorado, pero su actual esposa, que le ha sido infiel, le está poniendo toda clase de trabas para divorciarse. 

Sorprendentemente, Bruno le hace una propuesta a Guy: él matará a su mujer, dejándole el campo libre para casarse y Guy matará al severo padre de Bruno, el obstáculo que le impide disfrutar de la fortuna familiar sin dar cuentas a nadie. Al no existir un móvil para el doble crimen, ambos quedarían impunes. Guy lo toma como una broma y rápidamente se olvida del asunto, pero no Bruno, que ha hecho su propuesta totalmente en serio y, sin perder tiempo, se dispone a cumplir con su parte del presunto trato. 

Rodada en blanco y negro, Extraños en un tren recurre a un elemento habitual de las películas de Hitchcock como es el falso culpable, el hombre corriente que sin querer se ve envuelto en un delito y debe luchar por demostrar su inocencia ante las fueerzas del orden que le persiguen para incriminarle. La película cuenta con algunas escenas magníficas y llenas de originalidad, como la del inicio en una estación de tren o el reflejo del crimen en el cristal de unas gafas y, por supuesto, aquellas en las que la tensión sube al máximo como las del partido de tenis o el tiovivo. Tampoco falta el típico cameo del director. 

La pareja protagonista responde, en el caso de él, Guy Haines (Farley Granger), al típico personaje masculino de este director: moreno, guapo, oculta un misterio; no así el de ella, Anne Morton (Ruth Roman), muy bella y de gran personalidad pero que también resulta ser morena y no una rubia gélida, una de esas excepciones a los estereotipos creados por Hitchcock. A ellos se unen Robert Walker como Bruno Antony, en una interpretación excepcional de un personaje de características psicopáticas, antecedente del Norman Bates de Psicosis y Patricia Hitchcock, la hija del director, que interpreta a Bárbara Morton, la hermana de Anne, un personaje crucial en la trama. 

Extraños en un tren, un éxito desde su estreno, fue nominada al Oscar en 1951 a la Mejor fotografía en Blanco y negro (Robert Burks) y al mejor director por el Sindicato de Directores (Alfred Hitchcock).

Imagen: Imdb
Tráiler: Youtube 


Leer más

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Publicado el 11/11/2020 11:00:00 a. m. por con 0 comentarios

Vidas de película (17): Belleza prohibida (Stage Beauty, 2004)

 

En su Diario del año 1660 Samuel Pepys escribió que la actriz más hermosa de Londres se llamaba Kynaston. Como todos los actores con permiso para representar a mujeres… 
Kynaston era un hombre. 


Con esta introducción empieza Belleza prohibida. Estamos, pues, en el Londres de 1660 bajo el reinado de Carlos II, un rey amante de los placeres y muy aficionado al teatro. 

En los escenarios se siguen las normas del teatro isabelino y los papeles femeninos sólo pueden ser interpretados por hombres con la idea de no dar lugar a situaciones pecaminosas. Entre estos actores destaca Edward Ned Kynaston (Billy Crudup), la diva por excelencia, fabulosamente bella entre las bellas, aunque en realidad sea un hombre. Cada vez que Kynaston interpreta a Desdémona el teatro se viene abajo, sobre todo en la escena en que muere a manos de Otelo…

Sin embargo, Kynaston no está plenamente satisfecho con su trabajo, le parece que no acaba de encontrar la perfección y confía estos pensamientos a su ayudante, la joven María (Claire Danes), tan devota de la actriz como enamorada del hombre que se esconde detrás. Hasta tal punto que cuando su señor se da la vuelta, aprovecha para coger prestados sus vestidos y aderezos y representar sus mismos papeles con el nombre artístico de Margaret Hughes en tabernas y antros de mala muerte, donde hay más permisividad y es poco probable que el peso de la ley pueda caer sobre ella.

Pero nada hay que dure para siempre y un buen día, Carlos II (Rupert Everett), espoleado por su amante Nell Wynn (Zoe Taper) y por su deseo de introducir novedades en la escena alejándola del puritanismo, herencia de la denostada época republicana, decide promulgar una ley que permita a las mujeres representar papeles femeninos y, al mismo tiempo, se lo prohíbe a los hombres. Esto supone el fin de la carrera de Ned Kynaston, que pasa de ser la actriz más adorada de la escena a hundirse en la miseria, ya que se niega a representar papeles masculinos porque le repugna su rudeza y fealdad en contraste con los femeninos. Por el contrario, la carrera de María / Margaret Hughes empieza su meteórico ascenso, convirtiéndose en la primera mujer en subirse a un escenario londinense y representar a Desdémona con gran éxito. De repente, todas las puertas se le abren y lo mismo que a ella, a otras muchas actrices que empiezan a hacerse famosas desplazando a los hombres en esos mismos papeles.

Mientras tanto, Ned sigue con su particular descenso a los infiernos actuando en espectáculos del peor gusto en los que se humilla para sobrevivir… Hasta que Margaret le tiende una mano y le ofrece una oportunidad única para salir del hoyo y retomar su carrera y su vida.

Belleza prohibida está basada en la obra teatral Compleat Female Stage Beauty de Jeffrey Hatcher, quien, a su vez, se basó en las anotaciones del diario de Samuel Pepys y en las vidas de los dos personajes principales, Kynaston y Hughes, dos actores de renombre en su época que se hicieron famosos por ser el último gran actor en interpretar papeles de mujer y la primera actriz en hacer lo propio. Ambos representaron la Desdémona de Otelo en diferentes momentos e incluso Kynaston también al moro de Venecia cuando se decidió a interpretar papeles masculinos.  

A menudo se la compara con Shakespeare in love (1998), pues ambas se parecen en el argumento, pero poco más. Belleza prohibida es una película superior en todos los aspectos; sin embargo, puede que los toques más audaces y picantes que la sazonan y su estreno posterior la perjudicaran de cara a su difusión pública y a los premios de la industria, pues pasó injustamente desapercibida frente al exceso de propaganda de la primera.

Lo mismo podemos decir tanto de la labor de su director, el reputado Richard Eyre, autor también del guion como del conjunto de actores. Billy Crudup está sencillamente genial sobre todo cuando interpreta a Ned como una maravillosa mujer (aquí habría que destacar también la labor de maquillaje y vestuario) y Claire Danes sabe darle la réplica de manera exquisita, formando ambos una pareja totalmente compenetrada y llena de química. El personaje de él, ambiguo y desnortado, hace un gran contraste con el de ella, una mujer segura de sí misma y, sobre todo, de lo que quiere que sea el hombre del que se ha enamorado. Junto a ellos brillan también los secundarios: Hugh Bonneville como Samuel Pepys, el famoso cronista, Tom Wilkinson como el empresario teatral Betterton y, por supuesto, Rupert Everett y Zoe Taper como Carlos II y su amante Nell, que saben dar vida con inteligencia y chispa a estos dos famosos personajes.

Belleza prohibida es una película inclasificable dentro de los habituales géneros cinematográficos, pero sobre todo es un espectáculo inolvidable y lleno de sorpresas, que se ha ido reivindicando con el paso del tiempo.

Imagen: Filmaffinity

Tráiler: Youtube


Leer más

viernes, 30 de octubre de 2020

Publicado el 10/30/2020 09:00:00 a. m. por con 0 comentarios

El Resplandor: una buena obra para la noche de las ánimas




Como aperitivo a la noche del 31 de octubre,  os invitamos a pasar frío y algo de miedo con ... El Resplandor! película o libro, ideales para pasarlo bien o mal, según tus gustos.

Cuando se trata de la película El Resplandor (The Shinning en su idioma original)  la cinta no es especialmente fiel a la novela original de Stephen King.

La novela se publicó en 1977 en Estados Unidos y llegó a España con el nombre de Insólito esplendor, siendo cambiado posteriormente por el de la película tras el estreno de la misma. Un dato curioso y no muy conocido es que King encontró inspiración a la hora de escribir su tercera novela de terror  El Resplandor en un cuento titulado La máscara de la muerte roja, escrito por el genial Edgar Allan Poe, y en Instant Karma! (We All Shine On), de John Lennon.

“¡Hola, Danny! Ven a jugar con nosotras. Ven a jugar con nosotras, Danny. Para siempre… siempre… siempre” – Las gemelas”.

Hay evidentes diferencias entre ambas obras, Kubrick en la película rueda a Jack persiguiendo a su hijo Danny con su famosa e icónica hacha; sin embargo, en la obra de Stephen King, Torrance esgrime como arma un mazo de roque. Mientras que, en la cinta de Kubrick, Dick Halloran - el chef del hotel Overlook - es una figura más bien secundaria, sin mencionar que es asesinado por Jack, en el libro de King, Halloran es uno de los personajes clave: comparte poderes con Danny y se convierte en héroe.

Y si sois seguidores de la obra de Stephen King y habéis leído su novela It, sabréis que Dick Halloran hace una pequeña aparición.Si queréis saber más diferencias significativas entre la película y el libro, en el blog cineoculto.com dedican toda una entrada a contarnos diez diferencias.

 El libro es la fuente original, pero te damos la ocasión de que disfrutes ambas obras  y elijas cual prefieres el libro o la película, o las dos...



Y en Pinterest podéis ver toda nuestra colección de cine y novelas

Leer más

miércoles, 21 de octubre de 2020

Publicado el 10/21/2020 11:00:00 a. m. por con 0 comentarios

Palabras filmadas (39): La inquilina de Wildfell Hall (The Tenant of Wildfell Hall, 1996)

Se podría calificar a la familia Brontë como una especie de milagro literario. Compuesta por seis hermanos de los que sólo cuatro llegaron a la edad adulta, eran hijos de un clérigo culto pero pobre que les permitió el acceso desde niños a su amplia biblioteca. Vivieron en la parroquia de Haworth, un pequeño pueblo en los páramos de Yorkshire (Inglaterra) sin apenas relaciones ni conocimiento del mundo exterior.  

Sin embargo, para asombro de todos, las tres hermanas, Charlotte, Emily y Anne (el chico, Branwell, a pesar de las expectativas demostró ser un persistente fracasado y un drogadicto, fuente de problemas terribles para su familia), consiguieron publicar en 1847 superando las dificultades que entrañaba hacerlo para unas mujeres en la Inglaterra victoriana, algunas de las mejores obras de la literatura inglesa: Jane Eyre (Charlotte, la única que consiguió tener una carrera literaria, con el seudónimo de Currer Bell), Cumbres borrascosas (Emily, como Ellis Bell) y Agnes Grey (Anne, como Acton Bell).  El éxito sorprendió a estas tres modestas pueblerinas desconocidas para el gran público casi tanto como algunas críticas, tan despiadadas en el caso de Emily que no volvió a publicar nada más.  

Sin embargo, Anne (Thornton, 17 de enero de 1820-Scarborough, 28 de mayo de 1849), cuya obra no alcanzó tanto éxito como la de su hermana Charlotte a pesar de tocar en Agnes Grey el mismo tema que Jane Eyre (las vicisitudes de una institutriz, un empleo muy corriente en la época para las mujeres de buena cuna venidas a menos) se decidió a publicar otra novela al año siguiente: La inquilina de Wildfell Hall. Su argumento era tabú en la época, ya que abordaba los malos tratos en el seno del hogar de una manera realista y poco romántica; sin embargo, los críticos, aunque hubo de todo, apreciaron su valentía y su calidad literaria. 

Lamentablemente, ella pudo disfrutar poco de la fama pues murió al año siguiente de tuberculosis, la misma enfermedad que, apenas unos meses antes, se había llevado a sus hermanos Branwell y Emily. Charlotte, la hermana superviviente, convertida en el guardián de la memoria de sus hermanas, no permitió que La inquilina… volviera a publicarse mientras ella viviera debido, precisamente, al revuelo publicado por su temática, prefiriendo dar una versión edulcorada de todo lo relacionado con su extraordinaria familia. 

La reivindicación de la obra de Anne Brontë, de la que este año celebramos el centenario de su nacimiento, llegó mucho más tarde y hoy día se la considera una escritora feminista (aunque ella no tuviera ni idea de qué era eso), una adelantada en la defensa del derecho de la mujer a luchar contra el sometimiento a un marido desalmado y a reivindicar su propia libertad por encima de todo. 

En 1996, la BBC hizo una miniserie de 3 capítulos basada en La inquilina de Wildfell Hall con la habitual solvencia de esta cadena. Era la segunda vez que la adaptaba, la primera fue en 1986. Esta versión de 1996 respeta la estructura de esta novela epistolar que se divide en tres partes, la primera y la segunda son narradas por el personaje de Gilbert Markham (Toby Stephens) a través de las cartas que envía a su cuñado y la tercera se basa en el diario de la protagonista, Helen Graham (Tara Fitzgerald). Esta es una atractiva y joven viuda que decide instalarse en 1847 en una mansión semi abandonada en la campiña inglesa, Wildfell Hall, con su doncella y su hijito, ante el asombro y la curiosidad de los vecinos, incentivada por la actitud reservada e incluso misteriosa de Helen, que evita cuidadosamente relacionarse con ellos más de lo imprescindible salvo con su arrendador, el señor Lawrence, lo que dará lugar a los chismes malintencionados de algunas vecinas celosas ya que el joven es un buen partido. 

Las supuestas relaciones ilícitas entre Helen y Lawrence también espolearán los celos de Gilbert, un joven granjero que, desde el principio, se siente muy atraído por ella. Helen, a pesar de sus intentos por alejar a Gilbert, no puede evitar corresponderle, lo que provoca una gran confusión en el joven y le hacen reaccionar de manera precipitada e injusta. Tanto es así que Helen tomará la decisión de permitirle que lea su diario en un intento de que sepa quién es en realidad y las razones de su misterioso comportamiento. 

La adaptación es, como decimos, fidedigna al original literario y se beneficia de ser una serie y no una película, lo que permite desarrollar ampliamente la apasionante historia. Como es habitual en una producción de la BBC, su sello es la alta calidad, el cuidado en los ambientes y detalles, los paisajes y, por supuesto, en la elección del cásting. 

El personaje de Helen, una mujer de una pieza, que desarrolla y afianza su carácter a base de afrontar dolorosas pruebas, es interpretado por Tara Fitzgerald, una actriz de gran personalidad, sobre todo conocida en nuestro país por sus intervenciones en diversas miniseries inglesas. 

Sus antagonistas masculinos, Gerald y Arthur, también son conocidos entre nosotros por el mismo motivo. Gerald (Toby Stephens, hijo de la gran Maggie Smith) es el contrapunto de Arthur (Rupert Graves), un personaje byroniano (puede que inspirado en Branwell, el hermano de la autora), pues cada uno representa con gran convicción lo mejor y lo peor de dos caracteres antagónicos, mucho más inmaduros que el de Helen. Por último, Lawrence (James Purefoy), es un actor siempre solvente, como ha venido demostrando en el transcurrir del tiempo con su versatilidad y acierto en la elección de papeles. 

Dirigida por Mike Barker, obtuvo 4 nominaciones a los premios Bafta.

En la exposición virtual de la Biblioteca de Humanidades Charlotte Brontë, un espíritu apasionado, encontrarás más información sobre esta increíble familia. 

Imagen: Filmaffinity
Tráiler: Youtube

 


 

Leer más

lunes, 13 de julio de 2020

Publicado el 7/13/2020 10:31:00 a. m. por con 0 comentarios

El libro era mejor: El corazón de las tinieblas

Para finalizar estas reseñas de películas basadas en libros vamos a comentar un curioso caso. El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y su presunta adaptación al cine Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola.

Joseph Conrad fue un marinero reconvertido en escritor nacido a finales de 1800, de origen polaco, viajó como marino mercante, llenando su vida de experiencias. Posteriormente se dedicó a la escritura, eligiendo el inglés como idioma de su literatura y llegando a ser considerado uno de los máximos exponentes de las letras inglesas. 

Entre sus muchos relatos se encuentra “El corazón de las tinieblas”, novela corta en la que trata temas (el colonialismo, el choque de culturas o el racismo), basados en sus experiencias en el Congo Belga, que fue duramente colonizada por el rey belga Leopoldo II. 

Para profundizar en esta historia, es también muy interesante “El sueño del celta” de Mario Vargas Llosa, que también tenemos en la Biblioteca de Educación.

El gran director de cine Francis F. Coppola adaptó  libremente este relato con su película Apocalypse Now (1979). La acción se  sitúa en la guerra de Vietnam , en un paisaje de pesadilla, nos adentra en “el corazón de las tinieblas”. 

Una visión personal de una obra que no obstante mantiene su esencia. Si bien las dos historias se alejan en argumento, la película es fiel al espíritu de Conrad, a lo que éste quiso reflejar en su relato.

  «La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria;
el hombre por sí mismo es muy capaz de cualquier maldad
”.

Con esta última reseña diremos que no siempre “el libro era mejor”, que diferentes lenguajes, diferentes códigos e incluso diferentes argumentos  pueden ser igualmente válidos si hay detrás un autor que tiene algo que contar.  Pero... esta campaña se llamaba "El libro era mejor".

¿Se os ocurren más casos en los que el libro era mejor que la película?

¡Animaos a dejarnos algún título en los comentarios!

En Bun! encontraréis...



Y en Pinterest encontraréis más pelis y más novelas

Leer más

martes, 16 de junio de 2020

Publicado el 6/16/2020 09:00:00 a. m. por con 0 comentarios

El libro era mejor: A sangre fría



A sangre fría de Truman Capote es una novela de no ficción publicada en 1966, en ella se cuenta la macabra historia del asesinato de una familia en un tranquilo pueblo de Kansas a manos de dos individuos. Su móvil : el robo, su botín: poco más de 50 dólares. Posteriormente ambos fueron apresados y ejecutados en virtud de la pena de muerte vigente en ese Estado de EEUU.

Este libro representó una revolución dando lugar a una corriente llamada “nuevo periodismo” ya que para escribir este extenso relato, un poco novela y en gran parte crónica periodística, Capote se documentó, viajando al lugar de los hechos, recorriendo el pueblo , recogiendo numerosos testimonios e indagando sobre la vida de los asesinados. Y cuando los asesinos fueron apresados se entrevistó con ellos.

El libro, como todos los de Truman Capote, realmente se disfruta al leerlo, su escritura es clara, concisa. Destaca su profundización en la psicología de las vidas de un pequeño pueblo de provincias del profundo sur de Estados Unidos.
Sin duda estamos ante una obra maestra.

En cuanto a la película se estrenó sólo un año después que el libro, en 1967, siendo su director Richard Brooks, que también dirigió, entre otras La Gata sobre el Tejado de Zinc Caliente. Obtuvo 4 nominaciones a los Oscars y numerosos premios. En este caso la película es realmente buena , filmada en un magnífico blanco y negro, no se limita a ser un trhiller policial, sino además un perturbador drama.

No hay necesidad de elegir con A sangre fría , podemos ver la película y podemos leer el libro, son dos placeres totalmente complementarios. Y en los dos casos disfrutaremos. Si acaso, ya que la lectura implica más tiempo y por tanto un disfrute más prolongado, solo por ello diremos que …”el libro era mejor”.

Os animamos a leer cualquiera de las otras maravillosas obras de Truman Capote, como Desayuno en Tifannys que inspiró la célebre película Desayuno con Diamantes, El arpa de Hierba, Música para Camaleones.

Un consejo: si además queréis saber más sobre el autor y su peculiar vida os recomendamos la película Capote.

En Bun! encontraréis...

el libro | las películas A Sangre fría y Capote



Y en Pinterest encontraréis... más pelis y más novelas

Todos sabemos que hay obras maestras que no pierden la esencia y no importa el formato: siguen siendo arte en estado puro. Nos viene a la memoria Matar a un ruiseñor, tanto la película como la novela son increíbles.

Pero como esta campaña se llama "El libro era mejor".. ¿se os ocurren más casos en los que el libro era mejor que la película?  ¡Animaos a dejarnos algún título en los comentarios!





Leer más